La Historia de La Luz Cuando el invierno todavía se aferraba a la tierra pampeana, un contingente al mando del entonces Coronel Manuel J. Campos

llegó al paraje Quetre Huitrú Lauquen. Venían de un intento fallido por fundar un pueblo en Traru Lauquen “El Carancho”. Pero la historia,

caprichosa y persistente, les tenía reservado otro destino. Aquel paraje, enclavado en el Valle Quiñe Malal,

los recibió con la serenidad de sus lagunas y el silencio abierto del paisaje. Rodearon la laguna El Carrizal y eligieron asentarse sobre un albardón

equidistante entre las dos lagunas, cerca de un gran caldén que oficiaba de mojón natural y transformado en mágico según la creencia de

aquellos primeros habitantes de este lugar. Allí decidieron acampar. Sin saberlo, estaban encendiendo la primera chispa de lo que sería un pueblo,

llegaron a este lugar un primero de agosto de 1882. Esa noche, las primeras luces no fueron más que fogones, antorchas, candiles y algunos faroles que combatían la oscuridad.

El resplandor del fuego iluminó rostros curtidos y esperanzas intactas. Faltaban apenas once días para lo que sería la fundación formal del pueblo.

Con el correr del tiempo, los candiles y faroles comenzaron a poblar las noches del incipiente poblado. Primero fueron Los faroles de kerosene;

luego llegarían los de carburo. La calle Campos se iluminaba con faroles montados en columnas ubicadas en el centro de la calle y en las esquinas de la zona céntrica.

Cada atardecer, Dionisio Vega recorría las calles para encender las lámparas, y cada madrugada regresaba para apagarlas. Su figura, entre luces titilantes y sombras largas,

se volvió parte del paisaje nocturno. La primera usina eléctrica. Fue una empresa privada, propiedad de Clara y Buffa, que comenzó a funcionar en 1916

en dos galpones de la calle Lavalle 731/741. Los motores a vapor dieron los primeros impulsos; luego llegaron los que funcionaban a gas de carbón,

y finalmente los modernos motores Deutz. Con el tiempo, se incorporó un motor diésel de dos cilindros, desplazando definitivamente al antiguo a vapor.

El primer maquinista fue un gallego anarquista de apellido García, personaje singular en aquellos años de transformación. El servicio eléctrico se extendía

hasta la medianoche o, en ocasiones, hasta la una de la mañana. Más allá de ese horario, el pueblo volvía a entregarse al dominio de la noche.

Aquella empresa no perduró demasiado y terminó siendo negociada con la municipalidad. Sin embargo, la voluntad de progreso no se detuvo.

Según relata el padre Celso Valla en Un siglo de actividades salesianas, el padre Tarcuni continuador del padre Orsi entre 1915 y 1921,

instaló en el colegio la primera usina eléctrica que funcionó en el pueblo.

Décadas más tarde, el 6 de febrero de 1956, convocados por el comisionado municipal don Pascual Vigorito, un grupo de vecinos se reunió con un

propósito común: crear la cooperativa de electricidad. Aquella decisión colectiva fue otro acto fundacional, una nueva llama encendida en la historia.

Desde los fogones que rasgaron la oscuridad en 1882 hasta el resplandor eléctrico que transformó las noches, la historia del pueblo es también la historia de su propia luz:

una conquista lenta, sostenida por la perseverancia y el trabajo de sus habitantes.

Recopliacion: José C. Massolo

Fuentes: Revista 50 Aniversario COSEGA y Libro "Un Siglo de Actividades" de Celso Valla S.D.B.