(Buenos Aires, 27 de abril de 1847 - 15 de diciembre de 1908) fue un militar argentino forjado en el fragor de las guerras que marcaron el destino del país: la Guerra del Paraguay, las últimas guerras civiles y la Conquista del Desierto.
Biografía
Hijo del estanciero y teniente coronel Martín Teodoro Campos y de María Luisa López Camelo, y hermano de los también generales Luis María y
Julio Campos, creció en un entorno donde el deber y las armas eran parte del destino. Se formó en el Colegio Nacional de Buenos Aires, pero su verdadera escuela sería el campo de batalla.
A los 17 años se enroló en la artillería, aunque pronto el llamado de la Guerra del Paraguay lo llevó a la infantería, donde templó su carácter en combate.
Estuvo presente en algunas de las batallas más cruentas del conflicto: Yatay, Uruguayana, Estero Bellaco, Tuyutí y Curupaytí. Fue allí, en medio del fuego y la sangre, donde cayó gravemente herido, al igual que su hermano, compartiendo no solo la guerra, sino también sus cicatrices. Bajo el mando de ese mismo hermano,
también combatió en las campañas internas, enfrentando a los federales en Cuyo y siendo nuevamente herido en San Ignacio.
Lejos de retirarse, volvió al frente paraguayo. En Paso Pucú, Piribebuy e Itá Ibaté continuó luchando con firmeza, siempre en la primera línea.
Luego, ya en territorio argentino, participó en las campañas contra Ricardo López Jordán en Entre Ríos, consolidando su nombre entre los hombres de armas.
En 1874 alcanzó el grado de teniente coronel, comenzando a forjar su propio camino. Combatió las últimas resistencias en Santiago del Estero y
más tarde asumió funciones clave en Buenos Aires, como jefe de bomberos e inspector de armas, mostrando que su vocación de servicio iba más allá del campo de batalla.
En 1879 formó parte de la histórica Conquista del Desierto como ayudante del general Julio Argentino Roca. Aquella campaña marcaría un antes y un después en la expansión territorial del país, y le valdría el ascenso a coronel.
De regreso en la capital, ocupó cargos de responsabilidad militar y combatió en la revolución de Carlos Tejedor, manteniéndose siempre cerca del poder, incluso como comandante de la escolta presidencial.
En 1882 fue designado comandante de la frontera sur de Buenos Aires. En esas tierras, donde antes rugía el peligro de los malones, dejó una huella duradera al fundar el pueblo de General Acha, consolidando la presencia del Estado en la región. Poco después, alcanzó el grado de general.
Pero su vida no estuvo exenta de controversias. En 1890 se unió a la Revolución del Parque como uno de los jefes rebeldes. Su actuación fue discutida por la historia: algunos lo acusaron de haber jugado un doble rol, negociando en las sombras el destino del levantamiento. Mientras tanto,
su hermano Julio caía en combate, sellando con sangre el episodio. A pesar de todo, Campos no fue castigado: por el contrario, su carrera política continuó en ascenso.
Fue diputado nacional, jefe de Policía de Buenos Aires, senador provincial y nuevamente diputado, consolidándose como un hombre influyente. Desde la política, defendió con firmeza la modernización del ejército, acompañando las reformas impulsadas por su hermano Luis María y por el general Pablo Ricchieri.
Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta, bajo una tumba que refleja la estatura de su vida.
Murió en Buenos Aires en diciembre de 1908, dejando tras de sí la historia de un hombre atravesado por la guerra, el poder y las decisiones que marcan una época.